El actor santo

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Quien conozca algo de hinduismo, sabrá que una de las enseñanzas más importantes del Bhagavad-gita, una de las joyas místicas y religiosas más hermosas de la India, se resume en la sentencia de Krishna: “renuncia al fruto de la acción”. Esta frase hace referencia a que el camino a una vida espiritual y virtuosa  radica en que uno debe cumplir su destino, o su dharma, sin importar las consecuencias de ello, simplemente porque en el correcto hacer se encuentra la bendición.

El actor, cuando se sube al escenario, se vuelve por un periodo de tiempo en un iniciado en dichos misterios. Pues al actor no le importa jamás el fruto de su acción. Le importa su acción y nada más. Se complace en ella, aún si esta lleva a su personaje al triunfo o a la derrota, a la vida o a la muerte. El actor es quien bendice cada pasaje, cada momento del devenir dramático del personaje, precisamente porque lo vive por voluntad propia, una y otra vez, gozando y encontrando cada vez nuevos matices en los mismos textos y en los mismos acontecimientos. Por ello, si al actor le hubiese hablado el mismo demonio que le susurró a Zaratustra la abismal idea del eterno retorno, el actor hubiera dicho: “pero si a eso me dedico diariamente, a eternamente retornar a la tragedia de mi personaje”. 

Por eso, como dice Lorca, el teatro es un arte, y será siempre un arte excelso, porque le permite a quien sabe aprovecharlo la posibilidad de vivir experiencias por el mero placer de vivirlas, sin importar si estas son bellas o espantosas. De ahí se sigue que un actor es alguien que sabe qué significa vivir y sabe por tanto cómo bendecir la vida con su arte. Por eso es interesante verlo. Porque un buen actor, en el fondo, lo que hace es homenajear a la vida cada vez que se sube al escenario. Porque muestra en sus personajes la parte más íntima de su emoción y de su intimidad. El triunfo del actor es la expresión misma de su propia pasión vital, su eterno decir sí al placer y al sufrimiento, redimiendo de ese modo ese efímero momento en el cual el ser humano se da cuenta de que existe. 

Por tanto, cambia tu vida y haz teatro.