La importancia de la acción dramática

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De todas las herramientas indispensables que un actor en formación debe saber manejar, la acción dramática ocupa sin duda alguna un lugar protagónico. Esto se debe a que, a fin de cuentas, la acción es al drama lo que la nota es a la música.

Pero, ¿qué es la acción? Desde el punto de vista del personaje, es aquello que él hace a lo largo de una obra. La acción de Hamlet, por ejemplo, puede articularse en este enunciado: vengarse del tío. Por supuesto, podemos plantear otras opciones, pues estamos en el terreno del arte y no en el de las matemáticas, pero «vengarse del tío» sirve porque, en efecto, desde que se entera de que su padre ha sido asesinado, Hamlet tendrá un gran objetivo que será vengarse del asesino. Todas sus acciones, tales como fingir estar loco, armar una obra de teatro que represente la muerte del rey, sonsacarle a sus amigos la verdadera razón de su visita, entre otras, son todas acciones que tienen como objetivo final vengarse de su tío. Tener esto claro ayuda al estudiante a posicionarse con mayor seguridad en escena, pues comprenderá que todas las palabras que pronuncie, todos los movimientos que realice y todos sus pensamientos deberán orbitar de una u otra manera alrededor de ese gran objetivo que atraviesa la obra de inicio a fin y que le da unidad y sentido a la historia.

Cualquier duda que asalte al estudiante en su proceso creativo tendrá grandes posibilidades de resolverse si se hace la siguiente pregunta: esto que está haciendo mi personaje en este momento de la obra, ¿qué relación tiene con su búsqueda principal, con la tarea más importante que debe cumplir en la historia, es decir, qué relación tiene con su acción dramática? Si se hace la pregunta con sensatez y compromiso, es solo cuestión de tiempo el que venga a nuestro intelecto la respuesta correcta. Tarde o temprano, descubriremos que todo lo que hace el personaje está relacionado con la conquista de su gran objetivo, y así sabremos qué hacer en cada momento en el que estamos en el escenario y seremos capaces de estar a la altura de esa gran intuición de Stanislavsky que sentencia que solo se debe estar en escena si se tienen razones casi metafísicas para permanecer ahí. Ese estado se alcanza cuando logramos que cada segundo en escena sea una ocasión para poner toda nuestra energía al servicio de la búsqueda humana que constituye a cada personaje.